¿Que os parece si exploramos uno de los puntos fundamentales de la creación de partidas a través de dos (breves) anécdotas de mi (larga) vida como Dungeon Master y jugador?
Llamemos a esta leción: la Dama y el Vagabundo (con el permiso de Disney)
Podría tener otros nombres…quizá alguno que hiciera referencia a disponer de todos los medios más novedosos en contraposición a algo mucho más arcaico, tipo un 386…
En cualquier caso…
El mes pasado tuve el gusto de acudir a unas jornadas de rol. Era un evento discreto, escuetamente planeado y con menos publicidad que el nacimiento de mi querida sobrinita María. Sin embargo unos amigos me habían hablado a su vez de otro amigo que iba a dirigir una partida de D&D. El chaval este, a quien llamaré F. (en un intento de mantener su anonimato, aunque cualquiera que estuviese en las jornadas sabrá a quién me refiero) …
F. tenía un maletín con TODOS los libros de reglas que puedan existir de la Cuarta. Además de cargar con más libros que los comerciales del libro de lectores en el catálogo llevaba plantillas y mapas para figuritas, un buen número de figuritas (magistralmente pintadas), un juego de dados (insuficientes a mi modo de ver) y unas cuantas cosas más en ese maletín que no tuve ocasión de inspeccionar.
Alguno de mis lectores más despiertos se estará preguntando ¿y la partida?
Yo te lo digo: un asco. Dos hojas cutres pobremente trabajadas, nada detalladas y repleta de encuentros y combates sin sentido.
Ahora bien, si retrocedemos unos cuantos años en el tiempo, en unas jornadas que se organizaron en Madrid, concretamente en Majadahonda, la situación fue completamente diferente. Las jornadas iban a durar todo el sábado y la mañana del domingo.
El Dungeon Master que nos tocó (de hecho lo elegimos) se llamaba Jorge, un chico realmente responsable y educado que se plantó allí ¡con pantalones y tirantes! (mientras que el resto íbamos con camisetas de grupos y chándal/bañador)
Jorge tenía un único manual, ni siquiera llevó dados…pero sacó una partida que al menos tenía 20 páginas.
“Buena señal”, pensé. Y hoy en día, al menos15 años después…puedo deciros que Jorge es y ha sido el mejor Dungeon Master con quien he tenido el gusto de jugar. Y hemos jugado varias (si no muchas) partidas juntos.
Puedo contarle como un buen amigo, y si está leyendo esto seguro que estará de acuerdo con todo lo que digo (salvo con mi apreciación que es el mejor DM..para él ese soy yo!)
Todavía recuerdo cada detalle de aquella partida… el nombre de los PNJs, (en inglés NPCs) las motivaciones de los enemigos…los personajes por quienes muchos del grupo dieron su vida…(el terrorífico 1 que saqué en el dado de 20 en el peor momento de todos…)
Aquí es donde llega la lección: Ni todos los manuales, ni todas las pijadas, ni las figuritas ni nada de eso se podrá comparar NUNCA a un buen argumento para una partida.
Y aún puedo hilar más fino añadiendo esta interesante idea: son los pequeños detalles los que cuentan en un PNJ.
Esos detalles personales son lo que harán que un PNJ sea recordado y forma parte de la “vida” de tu personaje.
Es muy fácil olvidar que el verdadero trabajo con un PNJ viene DESPUÉS del primer encuentro: sí, la primera escena entre este personaje y el grupo es importante, a veces crucial ya que sienta las bases y el enfoque de esta relación…
…pero son los siguientes encuentros entre ellos los que darán forma a esta relación (piensa en ello en términos de una serie de citas con una chica/chico que dan paso a una relación y a la convivencia)
Viéndolo de esta forma no vale de nada que el primer encuentro haya sido un éxito si no van a volver a verse en la vida (¿alguna vez os ha pasado que habéis conocida a una chica y todo parece haber ido muy bien…le pides el teléfono…te lo da…y la vuelves a llamar y nunca más tienes noticias de ella?)
Esto me hizo pensar en el mayor problema que existe con los PNJs y los jugadores del grupo:
el mayor problema ..
¡Es La Vida Del PNJ!
A menudo (demasiado a menudo) te encuentras con PNJs que tienen el mismo tratamiento que un mosntruo. Da igual que sea un módulo comprado o una partida casera…
es algo que se ve una y otra y otra vez.
Entonces ¿cuál es el secreto? ¿Cuál es la combinación ganadora?
Tratar a los PNJs como un personaje más…incluso como si fuese un jugador más manejado por el DM. Si piensas y los desarrollas como lo harías si fuese un personaje con el que tuvieras que jugar, si lo imbuyes de personalidad, motivaciones, odios y pasiones…
si lo humanizas en lugar de verlo como un puñado de huecas características…
…entonces será recordado.
Recordado y querido/odiado como uno más. Dejará de ser un “mago de nivel 1 túnica roja” para convertirse en Raistlin Majere.
Si ahora mismo alguien me preguntase ¿cuál es el ingrediente mágico para una partida excelente?..le respondería: “los PNJs”
Quizá tú tienes otro ingrediente mágico. Tal vez tu prioridad en una partida es otra. Quizá tu nombre empieza por F y crees que me refería a ti y quieres contestarme…
La sección de comentarios está ya abierta, aguardando tu sabiduría y tu opinión.
Nahuel Gladish.



