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De Las Regiones De Andruir Occidental: Fwinhyr

 

 En la explanada dejaron sueltos a los caballos, sabiendo que aquello llamaría la atención de quien les estaba siguiendo.

Tendidos en la hierba de la zona sombreada resultaban casi invisibles. Apareció un hombre. Primero vio los caballos, pastando. Luego descendió y se acercó a ellos. Isidril le miró atentamente mientras descendía al prado; estaba vestido con manto y botas. Cargaba a la espalda un fardo ligero, una manta enrollada y una espada. De su cintura pendía una espada larga, y su vaina, aunque desgastada por los años, era hermosa. El cabello le llegaba a los hombros: un pasador blanco impedía que le cayera sobre el rostro.

Faldarad se acercó a él. Se retiró la capucha, y le apuntó con la espada.

— ¿Por qué nos sigues?— le preguntó torvamente.

— No era mi intención asustaros— contestó mientras se separaba de los caballos. Miró a Faldarad, y luego a la punta de la espada. — No os hará falta, bajadla.

— Deja que sea yo quien lo juzgue, y contesta a la pregunta.

— No os seguía a vosotros. Os descubrí por casualidad mientras perseguía una bandada de trasgos: hay muchos por aquí.

— ¿Por qué ese cambio de rumbo?—preguntó Faldarad.

— Llamásteis mi atención, eso es todo.

 

 Desde donde estaba Isidril no alcanzaba a oír lo que decían. Aquel hombre parecía orgulloso, y su porte denostaba arrogancia y seguridad. Miraba siempre a Faldarad, y no se dejaba  intimidar por la hoja que le amenazaba.

— Quizá deberíamos ir con él—le dijo el elfo a Déoreth.

— No, aguarda un poco.

 

— ¿Dónde están tus compañeros?—le preguntó el extraño a Faldarad—. Baja tu espada, y reúnete con ellos. No somos enemigos.

— Aún no sé quién eres. El Señor Oscuro cuenta con muchos aliados: algunos son Capitanes de Trasgos.

— Los buscaba para acabar con ellos—repuso disgustado—. Me pregunto qué sabes tú de su señor. Tengo más preguntas. Me pregunto cómo es que viajas con dos elfos, cómo uno de vosotros es el jinete de este bello caballo blanco, más orgulloso que yo…y cómo es que esgrimes un arma forjada por Finrast— y endureciendo el tono de voz añadió—: Ten esto por cierto: si acaso esa espada no te pertenece hoy perderás la vida. Y la arrancaré de tus manos muertas, y será retornada a su dueño aunque me lleve muchos años encontrarlo. Y aquí yacerás para deleite de las carroñeras.

— Esta espada es mía por derecho—dijo Faldarad. De pronto pareció noble y fuerte, y majestuoso como un rey.  Sus ojos lucieron con un poder que había estado velado—. Pero si resulta que eres amigo del Señor Oscuro como ahora sospecho, será lo último que veas ¡Apresúrate, pues! Y dime quién eres.

— Isidril tensó el arco. Y quizá le habría disparado, y el día habría tenido un final trágico si Déoreth no le hubiera detenido.

— Mi nombre es Fwinhyr, hijo de Fealad, el que desciende de Fírian; Ethiored de la Casa de Íbrandil, fiel seguidor de Ethion y del Rey del Este. Si todo esto te sirve de algo sabrás que no soy un cualquiera al que puedas hablarle como te plazca, menos aún amenazar.

— Sigues a un Rey que no tiene reino, Fwinhyr—contestó Faldarad—. Estás muy lejos del Este.

— Vendrá el día en el que nadie posea lo que ahora tienen—dijo Fwinhyr—. Las tormentas y los pesares que crecían en el este asolan también estas tierras. En las fortalezas, y fuera de ellas, los fuegos de los trasgos arden de noche.

“Si estoy tan lejos es por necesidad. He recorrido más de cincuenta leguas en siete días; pero mi viaje empezó en Ardean, tan lejos de mi tierra. Porque desde allí llegaron a oídos de mi señor inquietantes rumores: decían que se habían visto elfos atravesando el río y viajando en todas direcciones. Y uno de ellos llevaba consigo un arma terrible ¿No sabrás nada de eso?”

“Me tocó viajar hacia el sur siguiendo los alados pasos de un Elfo imposible de alcanzar; dos veces lo perdí al oeste de Urnalinssar, entre las montañas, y dos veces encontré de nuevo su rastro. Pero desapareció antes del Pantano del Ensueño como tragado por la tierra, y no volví a encontrarlo”.

“Algo encontré en el pantano que me hizo olvidar al elfo y cambiar de rumbo, pero de aquello no puedo hablarte”.

— Hiciste bien en abandonar la búsqueda: allí donde fue el elfo no podrías llegar.

— La magia de los Elfos—dijo Fwinhyr disgustado—. Desconfío del pueblo élfico.

— Muchos lo hacen hoy en día, mas no deberías tenerles miedo.

— Yo no les temo—dijo Fwinhyr, orgulloso.

 

 Sobrevino un incómodo silencio.

— ¿Estás solo?—preguntó Faldarad.

— Por ahora. Pronto me reuniré con mis hermanos. Dos de ellos tuvieron que llegar hará unos días a Hamuin. Otros venían en barco, espero que trayendo noticias del Este: con ellos vendrá Dorthain, a quien tú llamas “rey sin reino”. ¿Sigo pareciéndote un amigo de Sargul?

— No, no por cierto. Mi nombre es Faldarad—guardó silencio un instante. Luego dijo— No tengo más tiempo para ti, Fwinhyr, aunque me gustaría preguntarte muchas cosas. Tal vez más adelante, si volvemos a encontrarnos. Mas he de pedirte que no le digas a nadie que nos has visto, ni a los tuyos ni a los hombres de Andruir. Así ha de ser hasta que llegue la hora de mostrarse.

— Pides mucho, y no das nada a cambio. A los hombres de Andruir no les diré nada. Pero cuando me reencuentre con los Ethioreds les hablaré de este día. Hasta entonces tienes dos semanas.

— Es justo—dijo Faldarad—. Tal vez sea tiempo suficiente.

 Fwinhyr se alejó deprisa. Se marchó hacia el oeste y desapareció. Déoreth y los elfos se reunieron con Faldarad, y una hora después reanudaron la marcha.

 Cuando el día declinaba llegaron a las largas estribaciones que cercaban Air Gangion por el sur. Isidril trató de ver la lejana Aras Ea, pero las crestas rocosas se lo impedían. El oeste de Caradnor era muy rocoso y abrupto; los montes eran altos, pero las cumbres casi planas: parecía que hubieran sido pisoteadas por los gigantes de las leyendas del pasado, y ahora los picos aparecían tirados por el suelo como escombros enormes. Al caer habían formado profundas depresiones, cañones y gargantas sin senderos que las atravesasen.

 

FirmaNahuel-1

 

 

 

N.A.Gladish,

alias Fwinhyr hijo de Fealad.

P.D.  Con los relatos que escribo desvelando la historia de Andruir y describiendo los lugares, las regiones, las torres y las fortalezas… estarás en una posición más que perfecta para ambientar el Módulo Crisis En La Frontera

Tendrás a tu disposición un arsenal de conocimientos (tanto geográficos como históricos) para utilizar que harán que nunca más tengas que preocuparte por la improvisación o porque un jugador te haga una pregunta sobre la región y no sepas qué contestar.

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